El concepto de identidad surgió en el siglo XX como una construcción para definir, un proceso creativo que da pie a un "yo distinto" y que se apoya en las formas estéticas y los modelos culturales (Molero de la Iglesia, 2010: 168-169). Por ese motivo, hoy en día, como consecuencia de la cultura mediática y la constante evolución y enriquecimiento de la sociedad y la cultura, no podemos hablar de la existencia de una única identidad, sin embargo, sigue siendo un elemento fundamental para dar sentido y sostener al ser humano (Molero de la Iglesia, 2010: 175). Como parte de lo que llamamos cultura, la moda nos ayuda a ser conscientes de nosotros mismos y nos ayuda a construir nuestra imagen individual relacionada con la imagen de los ideales socialmente aceptados (Hollander, 1978: 14), esta imagen, junto con el mensaje que transmite la misma, tiene una enorme importancia tanto desde el punto de vista comunicativo como psicológico y social, pues ambas conforman la identidad (Hollander, 1978: 15). Hemos de ser conscientes que la configuración de identidad a través de la moda es mucho más que el uso de prendas como símbolo de clase o estatus, se trata de la forma en la que cada individuo dispone de estos para transmitir mensajes simbólicos a otros mediante vista, tacto, olfato... (Davis, 1992: 16). Sin embargo, el éxito de la identidad no sólo depende de las prendas elegidas sino fundamentalmente de la reacción que provocamos en los otros (Harris, 2005: 159) y de la manera en que nosotros mismos percibimos nuestra propia imagen.
Hemos de tener en cuenta que para construir la identidad existen dos procesos, el de imitación y el de creación a partir de la educación y el contexto. El proceso de imitación (Simmel: 1945: 64-70), hace referencia a la tendencia de las clases inferiores de imitar a las más adineradas y exitosas, especialmente en lo referente a aspectos estéticos (Crane, 2000: 6). El deseo de alcanzar la imagen del que se tiene por superior ha permanecido inmutable en el tiempo, como ya afirmaba Spencer (1898: 423). Por este motivo, la moda utiliza iconos ya sea de épocas históricas, de personajes relevantes o celebrities, como las conocemos hoy en día, para asociar las prendas y los estilos a los valores que subyacen en esos personajes dotando a las prendas de mensajes complejos y elaborados. Es precisamente nuestra tendencia a la imitación y a buscar referentes la fuerza lo que impulsa la industria del vestir (Bietti, 2012). La segunda manera de construir identidad, como afirma Bordieu (1988), es fruto de la educación y el desarrollo de unos ciertos intereses en los que inevitablemente el nivel de vida es determinante (Crane, 2000:8). Asimismo, el contexto y la realidad influyen y condicionan nuestra identidad, tal y como hacen los tiempos de la moda, es decir, las temporadas o períodos en los que las prendas están en boga. Estos períodos, marcados por la industria, generan discursos para extender e impulsar el uso de determinadas prendas, estilos o imágenes. En contraposición, existen discursos propios al margen de las tendencias, cuyo mensaje no siempre es comprendido debido a una falta de contexto e información comúnmente aceptada sobre esos signos de identidad. Esto demuestra la importancia de la educación y de la comprensión del contexto, ya que la moda puede transmitir tanto información como desinformación (Lurie, 1994: 42).
Esa capacidad de la moda de informar o desinformar se debe a que se trata de un lenguaje de signos, un sistema no verbal de comunicación plagado de mensajes y significados (Barthes, 1978: 226) transmitidos a través de símbolos y signos cuyos significados trascienden los conceptos o las palabras y dependen del entorno social, ya que "la colectividad es necesaria para establecer valores cuya única razón de ser está en el uso y en el consenso generales; el individuo por sí solo es incapaz de fijar ninguno" (Saussure, 1983: 194). Como forma de comunicación, la moda puede entenderse como un vehículo de comunicación no verbal y susceptible de recibir múltiples interpretaciones (Knapp, 1992: 15) en función de los rasgos de quien la usa, la ocasión, el lugar, la compañía y de estado de ánimo de unos y otros (David, 1992: 8).
Las prendas sirven para conocer aspectos generales de la persona, de su vida y de sus características personales, incluso de las más íntimas (Squicciarino, 1990: 29); sin embargo, también podemos atribuir a la moda la capacidad de transmitir valores y mensajes tanto individuales como grupales, hecho que hace posible el uso de la moda como elemento de socialización. Por ello podemos decir que la moda no sólo de ofrecer mensajes asociados a la imagen, sino que favorece la socialización y contribuye a la integración en la sociedad. Es por ello que como afirma Lurie "a parte del camaleón el hombre es el único animal que puede cambiar de piel para adaptarse a su entorno" (Lurie, 1994: 225).
En la actualidad la moda ha propiciado un sistema de multidentidades que hace a las personas debatirse entre el afán de integración, que nos permita fundirnos en el grupo social, y el de diferenciación, que proteja nuestra identidad y nos distinga (Bietti, 2012: 4). En relación a este afán de distinción, la moda contribuye a configurar esa identidad mediante la apariencia, sin embargo, no es hasta que se conecta la misma con los medios, los objetos y las relaciones que el ser humano logra ponerse en escena y expresarse socialmente (Abruzzese, 2010: 20). De esta manera la moda permite establecer relaciones sociales en las que influye de manera determinante como se percibe nuestra individualidad y nuestra identidad dentro del sistema de multidentidades o de arquetipos que ofrece el mundo de la moda (Lurie, 1994).
En relación a estas identidades, algunas han sido impulsadas por la industria de la moda dotándolas de armas y adornos, en definitiva, de un lenguaje expresivo. Este interés de la industria por ciertos grupos y su reafirmación ignorando a otros ha hecho que estos últimos vivan privados de una parte de sí mismo (Abruzzese, 2010: 21). Como indica Cantero Rosales "convendría preguntarse si la moda permite un armónico concierto entre yo-cuerpo-vestido: esto es, si la moda facilita la concordancia entre personalidad y vestido; asimismo, acerca de la relación que guardan entre sí ambos constructos en un sistema eminentemente consumista como el nuestro" (Cantero Rosales, 2009:430). Asimismo, es fundamental saber si estas identidades responden a la personalidad y a los deseos de quien las adquiere o si son las tendencias en el vestir y el acoso mediático quienes crean identidades vacías de contenido, adoptadas con el único objetivo de encajar en el estándar.
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